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Ricos y pobres… pero no es rico ser pobre…

 

 

La columna de Daniel Samper publicada hoy en El Tiempo me dejó pensando un rato, asi que la comparto con ustedes….

Foto: Nobara via Flickr

 

El hombre del carrito

Daniel Samper Pizano. Columnista de EL TIEMPO.

Una historia verídica que es ejemplo de insolidaridad social.

El hombre del carrito se llama Danilo Murillo Moreno. Es satandereano, tiene mujer, dos hijos y 40 años. La inseguridad y la pobreza lo expulsaron del campo y llegó a Bogotá hace cuatro años. Siguiendo el consejo de un amigo, comprometió sus ahorros en la compra de un carrito de golosinas, una especie de cajón con ruedas del que depende la subsistencia de su familia.

Danilo es personaje conocido en la calle 92, una elegante zona de Bogotá. Los niños del barrio le compran dulces, los mayores piden tinto y no falta el celador o el obrero a quien Danilo le fía cigarrillos al menudeo. Él y los suyos viven en un sector mucho menos grato, una lejana barriada llamada San Joaquín, en el sur de la ciudad.

Hasta hace un tiempo, Danilo realizaba una larga travesía cotidiana con el carrito. Todas las noches lo empujaba hasta la calle 72 con carrera 14, donde le guardaban el carrito, y todas las mañanas volvía con él, a veces bajo la lluvia, hasta la 92. En la caminata perdía casi tres horas. Cierto día, una señora del rico vecindario se enteró de que cada mes Danilo caminaba con sus corotos un trayecto equivalente a la carretera Bogotá-Ibagué, y, conmovida, alojó el carrito en su edificio. Ese día cambió la vida para Danilo. Se ahorró aguaceros, evitó mayores desgastes al carrito y pudo trabajar más tiempo y mejorar sus ingresos, apenas superiores al salario mínimo.

Pero, como no hay felicidad duradera, a los pocos años la señora cambió de casa y, desaparecida la madrina, el hombre tuvo que buscar nuevo refugio para su carrito. Fue entonces cuando entró en juego un amigo mío que vive en el sector y, enterado de la historia, le ofreció en su edificio una plaza de parqueadero que él no utiliza. Mi amigo, lamentablemente, no había aprendido que, en general, a los ricos no les gustan los pobres, salvo que estén a su servicio. Así, cuando Danilo llevó el carrito, le negaron la entrada.

Ahí empezó el calvario. Asesorado por un prestigioso y solidario abogado, mi amigo exigió explicaciones a la administración. Le dijeron que el garaje no tenía como fin alojar carritos de dulces. Mi amigo opinó que tampoco debería alojar los trastos viejos -sofás, alfombras, bicicletas desinfladas– que veía en el lugar. Luego adujeron "razones de seguridad", como si fueran las Torres Gemelas. Mi amigo respondió que Danilo entregaría el carrito al portero y aceptaba todas las revisiones que quisieran practicarle. Después fue el intonso argumento del "si todos…": si todos los carritos parquearan en los garajes, no cabrían los automóviles. Claro: y si todos los chinos saltaran al mismo tiempo en una playa, provocarían un maremoto en el océano Pacífico.

Al final, una vecina le confesó la verdad: la presencia del carrito podía desvalorizar el edificio. Pero, caritativa, la dama ofreció rezar para que Cristo velara por la familia de Danilo. Mi amigo le contesto que si Cristo se presentara en su edificio, no se parecería a ninguno de sus inquilinos sino al hombre del carrito, y también lo echarían a patadas.

El abogado asegura que un juez les reconocerá la razón, por tratarse de una limitación ilegal y abusiva de la propiedad. Pero Danilo y los suyos no podían durar en vilo todo el tiempo que tarda un juicio.

A estas horas, el hombre del carrito debe decidir si vuelve a caminar siete kilómetros diarios o si paga en la zona un alquiler nocturno que menguará sus escasos ingresos. Y yo medito sobre el país en que vivimos, donde los ricos se dicen solidarios hasta el momento en que los pobres se convierten en un problema concreto. Entonces los mandan a la mierda. Con todo y carrito.

cambalache@mail.ddnet.es

Daniel Samper Pizano

Categorías:Uisch!
  1. NADIE ESTA OBLIGADO
    11 julio, 2008 a las 20:58

    pienso que un espacio privado debe respetarse quien desee vender debe hacerlo en su local propio,

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